
El 10 de enero de 1997 la familia Rangel Dacosta llegó a Chicago acompañada por su primer hijo, Andrés, de un año y seis meses, en tránsito hacia Madison, Wisconsin, pues el padre había obtenido una beca para cursar una maestría en la Universidad de Wisconsin. Las condiciones del viaje hicieron ineludible la escala en Chicago. En esa ciudad, sintieron por primera vez un invierno intenso, un contraste significativo a su lugar de origen, la Península de Paraguaná.
Al llegar a Madison se alojaron en una villa universitaria. La adaptación a las condiciones climáticas extremas representó siempre un desafío, superado por la resiliencia familiar. En abril de 1997 nació su segundo hijo, Luis, un evento que constituyó un motivo de alegría y fortaleza durante ese período. Aprendieron a valorar actividades sencillas, como las visitas a la biblioteca, que se convirtieron en refugios culturales.
A principios de 1999, tras obtener el título de maestría, el recién graduado recibió una oferta de trabajo en los Estados Unidos, lo que marcó el inicio de una nueva etapa. Para entonces, Andrés, de casi cuatro años, comenzaba a dominar simultáneamente el inglés y el español, mientras Luis daba sus primeros pasos; fue en ese momento cuando la familia empezó a consolidar los cimientos de su vida en el país.
Se mudaron a Tulsa, Oklahoma, donde en octubre nació Daniel y se reunieron con Annie, quien llegó desde Venezuela. La dinámica familiar se transformó con cuatro hijos. Ysabel combinaba el trabajo y maternidad, mientras el padre de familia llevaba sus proyectos y apoyaba en el cuidado del hogar. Esta etapa se caracterizó por un crecimiento sereno y establecimiento de nuevas rutinas.
Una nueva oportunidad laboral los llevó a New Jersey en enero de 2003; ese mismo año nació Valerie, hija de Annie, que enriqueció con ternura el entorno familiar. Al año siguiente se trasladaron a Katy, Texas, donde la familia finalmente se estableció y los niños crecieron y cursaron sus estudios, construyendo su futuro con perseverancia.
Cuando Andrés comenzó su proceso de aplicación a la educación universitaria en 2012, Ysabel identificó la complejidad del proceso y decidió ofrecer orientación, primero de manera informal y luego mediante talleres. En colaboración con Teresa Garay fundó INF4College en 2016, una organización que ha guiado a más de 800 jóvenes, principalmente latinos, hacia la educación superior.
El compromiso con la educación se refleja en los logros académicos de sus hijos y nieta: Annie se graduó en Gestión de Liderazgo (2018), Andrés en Ingeniería Mecánica (2020), Luis con doble titulación en Ingeniería de Materiales y Música (2020) y actualmente cursando un doctorado, Daniel en Física y Matemáticas (2022), y Valerie en Psicología (2024).
A la comunidad latina y venezolana, la familia transmite un mensaje de esperanza: el camino, aunque arduo, es posible. La educación abre puertas y las raíces culturales alimentan la determinación. Su trayectoria, desde Madison hasta Katy, demuestra que las dificultades pueden transformarse en oportunidades mediante la planificación, la disciplina y la perseverancia.
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FOTOGRAFÍA: FREDDY CEDEÑO @MYTEXASJOURNEY



