
La nación enfrenta un preocupante resurgimiento del sarampión. Datos federales publicados esta semana revelan que en 2025 se han confirmado 2,065 casos en Estados Unidos, superando por primera vez la marca de los 2,000 contagios anuales desde 1992. Esta alarmante cifra pone en jaque el estatus de “eliminación” del sarampión que el país había mantenido de manera continua durante un cuarto de siglo.
El avance de la enfermedad se debe principalmente a brotes activos y sostenidos en regiones específicas. El más significativo se concentra en la zona norte del estado de Carolina del Sur, donde en los últimos cuatro meses se han reportado cerca de 180 casos, con decenas de nuevas infecciones confirmadas solo en la última semana. De forma paralela, otro foco en la frontera entre Utah y Arizona acumula más de 350 casos entre ambos estados. La transmisión comunitaria se ha dado principalmente en entornos como hogares, escuelas e iglesias, según explicaron las autoridades sanitarias.
Expertos en salud pública señalan que la raíz del problema es el descenso sostenido en las tasas de vacunación. Para el año escolar 2024-25, solo el 92.5% de los niños que ingresaron al kindergarten habían recibido la vacuna triple viral (MMR), cifra que está por debajo del umbral del 95% necesario para garantizar la inmunidad colectiva y prevenir brotes. La vacuna, sin embargo, es extremadamente efectiva: dos dosis ofrecen un 97% de protección.
La situación ha encendido las alarmas a nivel nacional, ya que existen posibles vínculos genéticos entre el gran brote ocurrido en el oeste de Texas a principios de año —que dejó tres fallecidos— y el actual en Carolina del Sur. De continuar la tendencia al alza hasta finales de enero, Estados Unidos podría seguir los pasos de Canadá, que perdió recientemente su certificación como país libre de sarampión. Las autoridades anticipan que los casos seguirán aumentando en las próximas semanas, mientras se evalúa el impacto real en el estatus de eliminación del país.



